Por Russell Mariano
El abstencionismo es uno de los
principales problemas de la democracia, hasta ahí se ha discutido, pues la no
participación de la ciudadanía responde a muchos factores, en este caso, la
negación de las instituciones, y ésta negación deviene, principalmente, de la
conducción de las instituciones públicas, es decir, qué tanto la ciudadanía
cree en el desempeño de sus instituciones, sobre éste último punto habremos de
saber que éstas no gozan de buena reputación, de ahí el interés o, propiamente
dicho, desinterés de la ciudadanía por involucrarse en temas como las
elecciones y otras formas de participar vinculatoriamente con las instancias
públicas, en ese sentido el proceso electoral se vuelve una “fiesta
democrática”, como lo hace llamar los órganos electorales, y en efecto fiesta
pero para quiénes y para cuántos.
Las interrogantes expuestas,
permanecen en el tiempo, principalmente en los estudios poselectorales cuando
se analizan los resultados, entonces el problema del abstencionismo resurge,
sin embargo, poco o nada se hace previo a cada jornada electoral, pues podemos
observar un comportamiento estático en los números, por ejemplo, los resultados
arrojados en la elección presidencial de 2006 hubo un abstencionismo del 41.45%,y
en las elecciones presidenciales de 2012, el abstencionismo fue del 36.92%
similar a lo obtenido en el 2000, en ese sentido el escenario sobre el
abstencionismo en este proceso electoral no podría ser diferente.
En el discurso oficial, de las
instituciones políticas, se atiende tema del abstencionismo como un elemento
propio de la democracia, es decir, se toma con naturalidad que siempre habrá un
porcentaje de ciudadanas y ciudadanos que se abstienen de ejercer su derecho al
voto, y es muy válido, sin embargo, es importante señalar que quién se
abstiene, en este caso de ejercer su derecho a voto, tienen pleno conocimiento
de ello, en tanto, es consciente de su actuar, caso contrario, en un supuesto
de desconocer o carece de cierta información no podríamos hablar de
abstencionismo, estaríamos frente a la negación del quehacer institucional,
esto responsabiliza a los órganos políticos, a las instituciones mismas, al
sistema propiamente dicho.
De acuerdo a lo expuesto, no
puede hablarse de un abstencionismo como un comportamiento propio de la
ciudadanía porque ese comportamiento es la suma de oros factores como el
desempeño de los gobiernos, de los órganos electorales y de los partidos políticos.
Entonces el abstencionismo es producto de ésta suma de factores, y es
responsabilidad de las instancias atender el llamado. Sin embargo, derivado del
desempeño de los actos citados, estaríamos frente al fenómeno de la
indiferencia, situación que agrava la relación gobernante-gobernados, pues la
indiferencia no es como el abstencionismo, que se expresa en un proceso
electoral, ésta se mantiene en el transcurso de la vida pública, situación que
provoca un fuerte distanciamiento entre gobierno y ciudadanía, siendo así
testigos de escenarios graves de ingobernabilidad.
Para las instituciones públicas
es suficiente con habar de abstencionismo, pus hablar de indiferencia es
aceptar el fracaso del sistema político, en tanto las jornadas electorales se
vuelven la vía para la pugna por los cargos no para la reestructuración del
Estado, en ese sentido estamos frente a un escenario similar al resto de los
procesos electorales pasados, el porcentaje de votantes se mantiene como en
elecciones pasadas, aunque ahora focalizados en favor de ya saben quién, aunque
espero, en verdad, se incremente el porcentaje de participantes, en el
escenario federal, en lo local, ese tema lo abordaré en otro escrito.

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