Por.
Russell Mariano
Transcurrido
un mes de la jornada electoral, la opinión pública se ha enfocado en las
acciones del presidente electo; la presentación y estructura de su gabinete,
las propuestas de trabajo en la administración pública federal y temas de
alcance legislativo han marcado la agenda política a nivel nacional, tanto, que
la gestión de la actual administración presidencial pasa desatendida para
algunos medios. Pero, esta situación ¿a qué nos lleva?
Ya
en otros casos, en días pasados la
opinión pública, o mejor dicho, el escenario mediático que comprende los medios
tradicionales de comunicación, y principalmente la plataforma de interacción
que ha generado el internet a través de sus redes sociales, han cuestionado severamente
las determinaciones del presidente electo. Andrés Manuel López Obrador (AMLO),
estas interrogantes son producto del planteamiento del propio presidente electo
antes y después de elecciones. En ese contexto, la propuesta de hacer cosas
diferentes a las acostumbradas por los gobiernos pasados pone en alerta a la
opinión pública, y es un avance muy válido, pues genera las pautas para
vincular a la sociedad en general en temas de interés público, a eso nos llevan
los cambios
Sin
embargo, los temas “cuestionados”, o mejor dicho, polémicos, son únicamente
producto del momento, se cuestiona el posicionamiento más no la trascendencia,
como ha sucedido con el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM),
y recientemente con la propuesta presentada por AMLO de Manuel Bartlett, quien
se distinguiera en el escenario político por anunciar la caída del sistema en
la jornada electoral de 1988, para dirigir lo que queda de la Comisión Federal
de Electricidad (CFE), la interrogante sería ¿Representa la persona una amenaza
al propio programa de trabajo del Presidente electo? Y tendríamos que
cuestionarnos más, y no sobre la persona, sino el proyecto mismo, ahí es donde
la academia tendría que abonar lo propio, pero es ese otro tema de análisis.
En
tanto, lo expuesto refleja una situación convencional, una discusión… de
siempre, de malestar prematuro, en ese sentido como lo he titulado, nos
encontramos con el mismo escenario de discusión política. Revisamos las
acciones y no las secuencias y mucho menos el problema, pareciera entonces que
seguimos, desde la opinión pública, con la espontaneidad de las emociones
vinculadas a expresiones construidas y con las mismas formas, lo que nos indica
una tradición en el debate de los asuntos públicos.
Aunque
vamos avanzando, y como he citado, es importante el cuestionamiento, pero
habremos de ir más allá. Como ciudadanos habremos de cuestionar, no solo el
acto, sino la secuencia, el programa de gobierno en toda la extensión de la
palabra, de ahí la importancia de contar con una formación política, como lo
asentara Gabino Barreda en su libro “La Educación Positivista en México”,
aunque pareciera que a la élite política y colaboradores no les causa agrado el
tener una ciudadanía formada políticamente, pues una ciudadanía como colectivo,
tiene la capacidad de decidir masivamente, como lo ha hecho el pasado 1 de
julio de 2018. Es entonces este proceso una lección para la élite política, y
para la ciudadanía misma, habremos de entender que hay fortaleza social cuando
se entiende el concepto de sociedad.

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