martes, 19 de mayo de 2015

El papel de los partidos políticos ante la crisis de confianza y credibilidad social./¿Votar o no votar?



Por. Jaime Dahir Arista Hernández/Politólogo
Es evidente para el grueso de la ciudadanía mexicana la caída vertiginosa de la credibilidad y la confianza de las instituciones denominadas, principalmente los partidos políticos cuyas funciones dentro de una democracia representativa es elemental. Varios instrumentos de medición de la opinión pública en México, demuestran que los partidos políticos se enfrentan a una crisis profunda en aquéllos aspectos fundamentales para el desarrollo  de un clima social favorable para el establecimiento de un régimen, sistema o gobierno democrático.

Inclusive se podría argumentar que a la crisis de los partidos políticos se suman otros factores que detonan de igual forma en situaciones de gravísimas consecuencias para la sociedad mexicana. Amplias zonas del país se encuentran bajo dominio violento y cuasi absoluto del crimen organizado: la corrupción e impunidad rampantes de los gobiernos en sus tres niveles (desde alcaldes municipales hasta el propio presidente de la República); una economía nacional que empeora cada vez más, débil y sujeta a las variables externas; la inseguridad pública acrecentada de forma exponencial (derivada en buena parte del desempleo generalizado que prevalece en el país), entre otras.

Sin embargo, la crisis de credibilidad y confianza de los partidos no es gratuita; se debe a un sinnúmero de atropellos a la ciudadanía, a las instituciones del Estado y a la democracia misma. Las causas de mayor empuje están vinculadas con la deficiente (por no decirlo de otra manera) representación política de los partidos cuando se convierten en  gobierno, la corrupción política de las cúpulas dirigentes, el desdén de las élites partidistas por las prácticas y los procesos democráticos en la definición de candidatos a puestos de elección popular, que cabe señalar, la mayoría de las veces no corresponden a las expectativas de militantes, simpatizantes y/o ciudadanos en general, sino a la lógica de los intereses de los grupos de poder dominantes.


Ante este escenario poco alentador para la participación ciudadana en el proceso electoral intermedio, se abre un intenso debate académico, mediático y público sobre el comportamiento de los partidos, su rol en nuestra democracia y el papel del ciudadano en las elecciones. El planteamiento es ¿Votar o no votar? Incluso, de manera más precisa, sería ¿Votar o abstenerse de hacerlo?

Es decir, ejercer un derecho consagrado en nuestra constitución política o simplemente, a manera de protesta, no ejercerlo, dado las condiciones actuales, en donde los actores partidistas han borrado sus fronteras ideológicas, utilizan el clientelismo electoral como fórmula para la consecución de apoyos electorales, sus ofertas políticas osan en la demagogia y están desconectadas radicalmente de las problemáticas nacionales. El argumento central es que “todos son iguales” y por lo tanto da lo mismo votar por uno o por otro, si las cosas no van a cambiar, permanecerán iguales.

Sin embargo, los defensores de este planteamiento se olvidan que el fundamento de la democracia liberal es la representación política que se sustenta en el voto ciudadano en las elecciones populares. Grosso modo, el voto ciudadano es uno de los más poderosos derechos de los hombres y mujeres a través del cual se pueden manifestar posiciones a favor o en contra de la gestión del gobierno en turno; es decir, se puede votar por la continuidad o por el cambio.

No votar en cambio, significa entre otras cosas, anularse, no participar, no actuar, no ejercer nuestros derechos políticos, lo cual no tendría un impacto positivo en el actual electoral, pues el entramado institucional es estrictamente cuantitativo, no cualitativo; por lo tanto, cualquier candidato de uno de los partidos políticos podría ganar con un solo sufragio a su favor y sería, con un voto, alcalde, diputado local o federal, o gobernador.

No votar traerá consecuencias mucho más negativas para nuestra endeble democracia, orillaría a los ciudadanos a olvidarse de una buena vez y para siempre de las elecciones como el método pacífico y democrático para la elección de sus gobernantes. Impondrían la idea errada del camino de la violencia para la consecución del poder público.

  

jueves, 14 de mayo de 2015

Propuestas desgastadas y hartazgo social/¿Votar o no votar?



Propuestas desgastadas y hartazgo social

Por. Félix Hernández Monterrosa/Politólogo.
El próximo 7 de Junio los ciudadanos saldremos a votar para elegir a quienes nos representarán en el parlamento legislativo, mismos que aprobarán o reformarán, según sea el caso, las leyes que nos rigen.

De ese principio, hay una interrogante esencial ¿Cómo promueven el voto? Es palpable que de infinidad de propuestas presentadas por los candidatos pocas son viables, del otro lado hayamos una enorme decepción por parte de los ciudadanos para/con la clase política. La réplica del slogan “por un mejor futuro” que por años se ha venido replicando y que pareciera que aún pasa desapercibida entre los ciudadanos, la realidad es otra pues es causa de la grave antipatía hacia los actores políticos.

Y es que pareciera que las campañas políticas nacen de la ficción, partiendo de las promesas sin sustento donde el candidato  simplemente toma las necesidades palpables de los ciudadanos y pacta supuestas soluciones, en ellas podemos encontrar compromisos de pavimentación de calles, alumbrado público, salud universal, mayor seguridad, agua potable, entre otras más, que en sus tres años como legislador, enfocados en las elecciones del 2015, le será imposible cumplir, además dichas acciones por principio le competen al poder ejecutivo, logrando así un círculo vicioso de promesas inviables y de un pronunciado hartazgo social.

Así también,  la falta de preparación de los candidatos y no teniendo muy en  claro las funciones de un legislador, evidenciado en sus propuestas de trabajo, la utilización de la curul pasa a ser como un trampolín a futuros puestos políticos, situación que hace muy difícil que estos desempeñen un papel importante en la discusión o aprobación de leyes de trascendencia nacional y de alto impacto para el bienestar de la sociedad, siendo así, pareciera que las élites políticas son quienes toman las decisiones con intereses marcados por parte de los poderes fácticos.

Cómo planteamiento genérico del quehacer parlamentario he aquí algunas de las principales funciones de un legislador según la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
  •            El derecho de iniciar, discutir y aprobar leyes o decretos
  •      Aprobar anualmente el Presupuesto de Egresos de la Federación, previo examen, discusión y, en su caso, modificación del Proyecto enviado por el Ejecutivo Federal.
  •   Gestionar mediante las dependencias de administración pública soluciones a problemáticas que aquejen a los ciudadanos

Por otra parte, hago mención de algunas causas que inciden en la gravedad de la crisis de representación política:
  •          Una ciudadanía desinformada respecto a las funciones de un legislador
  •          Promesas desgastadas e inviables al corto plazo.
  •          Cotidianidad de actos de corrupción sin castigo alguno
  •          Ausencia de una cultura política participativa por parte de los electores


“Mantener desinformado a los electores ya no es una buena estrategia”


Lo ideal en este sentido sería que los candidatos propongan, en base al estudio sustentado, leyes viables y adecuadas al contexto de desenvolvimiento, hacer campañas congruentes y éticas, así también informar a los ciudadanos sobre las funciones y alcances que un legislador o postulante de los partidos políticos en conjunto pudieran lograr en tres años, más certeza menos demagogia.

miércoles, 13 de mayo de 2015

El ciudadano y las elecciones/¿Votar o no votar?


El ciudadano y las elecciones 

Por. Jesús Russell Mariano Peláez/Politólogo y administrador público 
Mucho se habla de campañas electorales, y los partidos políticos, principalmente, muestran sus mejores estrategias, si las tienen, para conquistar el voto del electorado y levantarse con el triunfo, de manera muy general esa es la intención de todo partido, sin embargo, existe la otra parte, la del ciudadano, claro, todos nosotros, quienes a fin de cuentas acudimos a las urnas a emitir nuestro voto, ese amplio porcentaje que en cada elección se vuelca más por el abstencionismo, y hoy más pronunciado, el voto nulo. 

¿Qué representa ser ciudadano? 

Pues bien, como ciudadanos empecemos a conocer nuestros derechos en materia política, y ésta se encuentra establecida en la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos en su Articulo 34. Que textualmente dice: Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: 

  1. Haber cumplido 18 años, y 
  1. Tener un modo honesto de vivir. 

Y en su Artículo 35.- Son derechos del ciudadano: 
  1. Votar en las elecciones populares; 
  1. Poder ser votado para todos los cargos de elección popular, teniendo las calidades que establezca la ley. El derecho de solicitar el registro de candidatos ante la autoridad electoral corresponde a los partidos políticos así como a los ciudadanos que soliciten su registro de manera independiente y cumplan con los requisitos, condiciones y términos que determine la legislación; 
  1. Asociarse individual y libremente para tomar parte en forma pacífica en los asuntos políticos del país 

Como lo expone la misma constitución, nosotros como ciudadanos tenemos libertad para votar y ser votados, pertenecer o no pertenecer a un partido político, e incluso existe la posibilidad de candidaturas ciudadanas, estas últimas en desventaja frente a las candidaturas por partidos, no se tiene registro de triunfo alguno por esta vía. En este número solo nos limitaremos al papel como votante. 

Para contextualizar un poco nuestro tema,  habrá que mencionar que el sistema político en México está padeciendo una grave de representación, pues en general con menos del 30% del electorado se define a un candidato ganador y en ocasiones el total de votantes no logra alcanzar el 50% del total de la lista nominal, esto significa que hay mucha apatía, las cosas no marchan bien. 
De esta situación surge una gran interrogante como ciudadanos 

¿Votar o no votar? 

Como ya se ha mencionado de nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos, la respuesta que usted dé a la interrogante es respetable, y solo para abonar en el tema, me permito describir, muy brevemente, lo que sucede con la acción que como sociedad adoptemos. 

Voto o voto efectivo: a grandes rasgos el acudir a una convocatoria de la entidad comisionada para desarrollar un proceso electoral, de inicio a fin, y emitir nuestro voto por X partido u candidato independiente se puede considerar como valido, en sumatoria con esta acción se designan representantes, según sean los espacios de contienda en turno. 

Voto nulo: cuando usted acude a la urna a emitir su voto y por error o conciencia propia anula su voto, éste no es válido para ningún candidato y se contabiliza como su nombre lo indica, con esta acción usted está participando, sin embargo, bajo los bases legales en materia electoral, no influye en los resultados. 

Abstencionismo: hace referencia a la resistencia ciudadana por acudir a las urnas a emitir su voto, la mayor queja citada por doquier, es la famosa frase de “No me interesa la política” con esta acción usted deja que decidan por usted, otro factor importante, si el número de abstencionistas es mayúsculo, algo está muy mal y las instituciones deben buscar resolver éste problema. 

Con ambas acciones existen resultados y hay un ganador, pues hasta ahora legalmente es válido que así solo una persona salga a votar existe un ganador y es el que haya obtenido el mayor número de votos. 

Así que, si como ciudadano usted opta por alguna de las tres propuesta está contribuyendo en la construcción de un todo, consideremos que si optamos por votar, es una muestra de participación que no debe quedarse en la urnas y se vuelque en una decisión colectiva de vigilancia para exigir resultados, un número elevado de ciudadanos puede incluso promover una consulta popular, o en otros caso la revocación de mandato. 

Por otra parte si se opta por el voto nulo, se emite el mensaje de querer participar pero no se está de acuerdo con las propuestas, y toda vez anulado el voto demandar seguimiento legal para demandar sea considerado como una exigencia para mejorar el desenvolvimiento de las instituciones políticas. 

Y por último el abstencionismo, acción que aqueja y vulnera la legitimidad de los gobiernos, pues con la marcada apatía se genera el escenario perfecto para que un grupo reducido pueda decidir una contienda electoral. 

A manera de conclusión, la participación ciudadana es importante, y como democracia es su estandarte, ya muchos lo han citado que es un gobierno del pueblo y para el pueblo.