Por. Jesús Russell Mariano Peláez/Politólogo y administrador público
Mucho se habla de campañas electorales, y los partidos políticos, principalmente, muestran sus mejores estrategias, si las tienen, para conquistar el voto del electorado y levantarse con el triunfo, de manera muy general esa es la intención de todo partido, sin embargo, existe la otra parte, la del ciudadano, claro, todos nosotros, quienes a fin de cuentas acudimos a las urnas a emitir nuestro voto, ese amplio porcentaje que en cada elección se vuelca más por el abstencionismo, y hoy más pronunciado, el voto nulo.
¿Qué representa ser ciudadano?
Pues bien, como ciudadanos empecemos a conocer nuestros derechos en materia política, y ésta se encuentra establecida en la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos en su Articulo 34. Que textualmente dice: Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos:
- Haber cumplido 18 años, y
- Tener un modo honesto de vivir.
Y en su Artículo 35.- Son derechos del ciudadano:
- Votar en las elecciones populares;
- Poder ser votado para todos los cargos de elección popular, teniendo las calidades que establezca la ley. El derecho de solicitar el registro de candidatos ante la autoridad electoral corresponde a los partidos políticos así como a los ciudadanos que soliciten su registro de manera independiente y cumplan con los requisitos, condiciones y términos que determine la legislación;
- Asociarse individual y libremente para tomar parte en forma pacífica en los asuntos políticos del país
Como lo expone la misma constitución, nosotros como ciudadanos tenemos libertad para votar y ser votados, pertenecer o no pertenecer a un partido político, e incluso existe la posibilidad de candidaturas ciudadanas, estas últimas en desventaja frente a las candidaturas por partidos, no se tiene registro de triunfo alguno por esta vía. En este número solo nos limitaremos al papel como votante.
Para contextualizar un poco nuestro tema, habrá que mencionar que el sistema político en México está padeciendo una grave de representación, pues en general con menos del 30% del electorado se define a un candidato ganador y en ocasiones el total de votantes no logra alcanzar el 50% del total de la lista nominal, esto significa que hay mucha apatía, las cosas no marchan bien.
De esta situación surge una gran interrogante como ciudadanos
¿Votar o no votar?
Como ya se ha mencionado de nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos, la respuesta que usted dé a la interrogante es respetable, y solo para abonar en el tema, me permito describir, muy brevemente, lo que sucede con la acción que como sociedad adoptemos.
Voto o voto efectivo: a grandes rasgos el acudir a una convocatoria de la entidad comisionada para desarrollar un proceso electoral, de inicio a fin, y emitir nuestro voto por X partido u candidato independiente se puede considerar como valido, en sumatoria con esta acción se designan representantes, según sean los espacios de contienda en turno.
Voto nulo: cuando usted acude a la urna a emitir su voto y por error o conciencia propia anula su voto, éste no es válido para ningún candidato y se contabiliza como su nombre lo indica, con esta acción usted está participando, sin embargo, bajo los bases legales en materia electoral, no influye en los resultados.
Abstencionismo: hace referencia a la resistencia ciudadana por acudir a las urnas a emitir su voto, la mayor queja citada por doquier, es la famosa frase de “No me interesa la política” con esta acción usted deja que decidan por usted, otro factor importante, si el número de abstencionistas es mayúsculo, algo está muy mal y las instituciones deben buscar resolver éste problema.
Con ambas acciones existen resultados y hay un ganador, pues hasta ahora legalmente es válido que así solo una persona salga a votar existe un ganador y es el que haya obtenido el mayor número de votos.
Así que, si como ciudadano usted opta por alguna de las tres propuesta está contribuyendo en la construcción de un todo, consideremos que si optamos por votar, es una muestra de participación que no debe quedarse en la urnas y se vuelque en una decisión colectiva de vigilancia para exigir resultados, un número elevado de ciudadanos puede incluso promover una consulta popular, o en otros caso la revocación de mandato.
Por otra parte si se opta por el voto nulo, se emite el mensaje de querer participar pero no se está de acuerdo con las propuestas, y toda vez anulado el voto demandar seguimiento legal para demandar sea considerado como una exigencia para mejorar el desenvolvimiento de las instituciones políticas.
Y por último el abstencionismo, acción que aqueja y vulnera la legitimidad de los gobiernos, pues con la marcada apatía se genera el escenario perfecto para que un grupo reducido pueda decidir una contienda electoral.
A manera de conclusión, la participación ciudadana es importante, y como democracia es su estandarte, ya muchos lo han citado que es un gobierno del pueblo y para el pueblo.

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