Por. Ramón John*
Antes
de iniciar el planteamiento de este tema, externo mi agradecimiento al
compañero colega Lic. Jesús Russell Mariano quien ha demostrado tenacidad por
difundir temas relacionados al campo de la Ciencia Política y la Administración
Pública, y ejercer por supuesto, tan fascinante profesión; hago pues público
este reconocimiento a su persona y también, aceptar la invitación para
colaborar Apuntes políticos y de
administración pública.
En
nuestro país la Administración Pública como instrumento ejercido por el
gobierno ha transitado por distintas etapas con ciertas tendencias que
caracterizan el tipo de Estado mexicano, bajo diversas modalidades utilizadas
por los gobiernos en turno, se pueden apreciar los cambios en la política educativa,
la de bienestar, la asistencial, la de salud, la fiscal, la social, la
hacendaria, la cultural, la energética, etcétera. Es precisamente la política
económica, la que define el perfil del Estado, la actividad del gobierno y por
tanto, la actuación de la Administración Pública.
De
lo anterior, se destaca que el Estado tiene un gran dilema: intervenir o no en
la economía. Esta disyuntiva emanada en primera instancia desde el plano
ideológico, sirve como patrón de referencia para comprender las áreas donde el
Estado debe tener o no participación. Aproximadamente hace 30 años Rolando Cordera y Carlos Tello
escribieron un texto básico para entender lo que sucede en el presente y que es
punto de referencia en la política nacional contemporánea: México, la disputa
por la nación. Perspectivas y opciones de Desarrollo.
Con
frecuencia encuentro y escucho dentro de la opinión pública en el que se incluyen
desde comunicadores, servidores públicos, funcionarios, profesionistas,
especialistas y hasta público en general, expresiones en el sentido de que el
gobierno debe dejar que las empresas y el libre mercado se encarguen de la
economía, que el Estado nada debe de hacer y por lo tanto sean la oferta y la
demanda quienes indiquen lo que a la sociedad le conviene. En contraparte
existen expresiones en sentido contrario que es obvio deducir el papel del
propio Estado.
Sobre
el particular considero dadas las características de nuestro subdesarrollado dependiente
y maquilador país, que el Estado mexicano debe participar en los sectores donde
se carezca de presencia, perspectivas e interés de la iniciativa privada, en
esas áreas que el mercado considere que no puede obtener las jugosas ganancias
acostumbradas y por lo tanto no es atractiva para sus inversiones. Tampoco se
debe olvidar que durante décadas el empresariado mexicano gozó de un
proteccionismo que dejo a un lado la famosa “libre competencia”, y se
acostumbró al paternalismo, a los rescates y a las facilidades para gozar del
mercado interno.
Existen
casos y temas donde se demuestra que cuando el Estado se encargó de
satisfactores para la sociedad se lograron aceptables niveles de crecimiento e
incluso de desarrollo, aunque no fue igual en todas las áreas donde se
requería, con lo que es necesario entender este proceso de participación
estatal, y también reconocer campos donde el empresariado y la iniciativa privada
mexicana han expandido su actividad más allá de nuestras fronteras. Más que
antagonismos, se debe aceptar que Estado y mercado son complemento, un binomio
cuyo motor puede subsanar carencias sociales y no acudir a posiciones maniqueas
que tanto daño le hacen al país. Las condiciones de la nación así lo demuestras
y la Administración Pública es el gobierno en acción como bien diría Woodrow
Wilson.
*Licenciado
en Ciencias Políticas y Administración Pública, candidato a maestro en Gobierno
y Asuntos Públicos, ambas, por la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)



