miércoles, 26 de abril de 2017

El dilema de la administración pública: ¿Estado o mercado?



Por. Ramón John*

Antes de iniciar el planteamiento de este tema, externo mi agradecimiento al compañero colega Lic. Jesús Russell Mariano quien ha demostrado tenacidad por difundir temas relacionados al campo de la Ciencia Política y la Administración Pública, y ejercer por supuesto, tan fascinante profesión; hago pues público este reconocimiento a su persona y también, aceptar la invitación para colaborar Apuntes políticos y de administración pública.

En nuestro país la Administración Pública como instrumento ejercido por el gobierno ha transitado por distintas etapas con ciertas tendencias que caracterizan el tipo de Estado mexicano, bajo diversas modalidades utilizadas por los gobiernos en turno, se pueden apreciar los cambios en la política educativa, la de bienestar, la asistencial, la de salud, la fiscal, la social, la hacendaria, la cultural, la energética, etcétera. Es precisamente la política económica, la que define el perfil del Estado, la actividad del gobierno y por tanto, la actuación de la Administración Pública.

De lo anterior, se destaca que el Estado tiene un gran dilema: intervenir o no en la economía. Esta disyuntiva emanada en primera instancia desde el plano ideológico, sirve como patrón de referencia para comprender las áreas donde el Estado debe tener o no participación. Aproximadamente hace 30  años Rolando Cordera y Carlos Tello escribieron un texto básico para entender lo que sucede en el presente y que es punto de referencia en la política nacional contemporánea: México, la disputa por la nación. Perspectivas y opciones de Desarrollo.  

Con frecuencia encuentro y escucho dentro de la opinión pública en el que se incluyen desde comunicadores, servidores públicos, funcionarios, profesionistas, especialistas y hasta público en general, expresiones en el sentido de que el gobierno debe dejar que las empresas y el libre mercado se encarguen de la economía, que el Estado nada debe de hacer y por lo tanto sean la oferta y la demanda quienes indiquen lo que a la sociedad le conviene. En contraparte existen expresiones en sentido contrario que es obvio deducir el papel del propio Estado.

Sobre el particular considero dadas las características de nuestro subdesarrollado dependiente y maquilador país, que el Estado mexicano debe participar en los sectores donde se carezca de presencia, perspectivas e interés de la iniciativa privada, en esas áreas que el mercado considere que no puede obtener las jugosas ganancias acostumbradas y por lo tanto no es atractiva para sus inversiones. Tampoco se debe olvidar que durante décadas el empresariado mexicano gozó de un proteccionismo que dejo a un lado la famosa “libre competencia”, y se acostumbró al paternalismo, a los rescates y a las facilidades para gozar del mercado interno. 

Existen casos y temas donde se demuestra que cuando el Estado se encargó de satisfactores para la sociedad se lograron aceptables niveles de crecimiento e incluso de desarrollo, aunque no fue igual en todas las áreas donde se requería, con lo que es necesario entender este proceso de participación estatal, y también reconocer campos donde el empresariado y la iniciativa privada mexicana han expandido su actividad más allá de nuestras fronteras. Más que antagonismos, se debe aceptar que Estado y mercado son complemento, un binomio cuyo motor puede subsanar carencias sociales y no acudir a posiciones maniqueas que tanto daño le hacen al país. Las condiciones de la nación así lo demuestras y la Administración Pública es el gobierno en acción como bien diría Woodrow Wilson.


*Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, candidato a maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, ambas,  por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

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