viernes, 27 de mayo de 2016

¿Por qué votar? Entre la teoría y la praxis



Ramón John López Morales*

RESUMEN

El voto tiene un marco tanto histórico como teórico, se sustenta en la evolución de su conceptualización así como las distintas características que adquiere según el país que lo asimile, desde los estados griegos hasta las naciones de la época contemporánea. Aunque en principio estuvo limitado a ciertos requisitos para participar, conforme trascurrieron los siglos se incorporaron distintos sectores sociales. En México, a partir de la conformación del Estado posrevolucionario se instauraron las  bases para transitar de un gobierno dominado por los militares hacía uno de instituciones, esta reconstrucción propició la  formación del sistema político mexicano, en el cual presidencialismo y partido hegemónico tuvieron un rasgo autoritario por siete décadas. Los cambios que pugnaron por una mayor apertura democrática fueron en esencia, impulsados por movimientos sociales que requerían de más participación política, lo que se logró bajo la represión. Quedan las perspectivas de consolidar una democracia que hasta el momento se ha definido más como una alternancia, siendo la defensa del voto el poder lograr los cambios.

Palabras clave: voto, sufragio, elecciones, participación social, cambio, democracia, autoritarismo, sistema político, presidencialismo, partidos políticos

Introducción:
A nivel mundial se puede aplicar el método comparativo en la ciencias sociales para inferir las características que adquieren algunos conceptos aplicados a diferentes modelos, en el caso del voto, entendido como un ejercicio democrático, como parte de las instituciones de la democracia y como instrumento de cambio, tiene distintos matices según la nación donde se analice. El sustento histórico nos indica que el voto se utilizó y se defendió para transformar sociedades, aunque en nuestro país no se apegó a los cánones académicos, durante décadas fue utilizado para “legitimar” un régimen que no acepto reglas claras e igualdad de condiciones para competir por el poder político, al contrario se distinguió por su carácter represivo, y los logros como mayor competencia partidista y participación social todavía tiene amplio margen de maniobra para que se logre instituir la democracia como lo indica su definición, por ello el voto se convierte en esa llave para abrir el candado de lo que ahora es alternancia.

Surgimiento y práctica del voto

Hablar y escribir sobre el voto o sufragio nos remite al ejercicio ciudadano dentro de un sistema democrático, por el cual las mayorías se sobreponen a las minorías gracias a la oferta de los partidos políticos para acceder al poder marcando la separación entre gobernantes y gobernados; en general esa es la visión sustentada en autores que van desde los clásicos griegos hasta los contemporáneos en ciencia política, derecho electoral, partidos políticos y disciplinas afines; los orígenes de la democracia y por supuesto donde se manifiesta el voto, se remontan a las ciudades griegas, en especial la Atenas del siglo V, en donde se discutía en la Asamblea los asuntos de interés público[1] por parte de los ciudadanos libres. El trinomio voto-democracia- elecciones, no es algo finiquitado, es un proceso en continua mejora, distintos episodios a lo largo de la historia nos remiten a las imperfecciones de los sistemas de participación social. En la misma Grecia antigua tanto las mujeres como los esclavos de las polis estaban marginados de tales decisiones; tuvieron que pasar varios siglos para que nuevamente surgiera con vigor ese trinomio como sucedió durante la Asamblea Nacional de la Revolución francesa de 1789 e interrumpida con la ascensión de Napoleón Bonaparte en 1799, aunque no se detuvo la caída de las monarquías o territorios como sucedió más tarde con la independencia de las colonias españolas;  en este marco de nuevas ideas políticas, emergen trece colonias inglesas[2] que se declaran independientes el cuatro de julio de 1776, así nacen los Estados Unidos, sin embargo hacia 1965 la Ley de Derecho al Voto sancionaba las prácticas discriminatorias hacía la población afroamericana en su derecho a sufragar[3], situación contradictoria para un país que se jactaba de proteger las libertades y los derechos civiles. Este esbozo nos plantea ¿Por qué votar? La historia y la teoría nos lo demuestran, tuvo como objetivo defender las decisiones emanadas en el seno de la sociedad que busco una profunda trasformación en un sistema económico y político, de finiquitar con las reminiscencias feudales y absolutistas para dar paso a las llamadas democracias liberales, mientras que en las naciones bajo el colonialismo hispano y portugués  se enfrascaban en definir su configuración político-administrativa.

El autoritarismo del sistema político mexicano

En el caso de México, en las primeras décadas del siglo XX antes de la conformación del Partido Nacional Revolucionario (PNR) en 1929[4], los partidos políticos surgían en torno al caudillo regional o estatal, tiempo después en forma gradual los llamados clubs tuvieron mayor estabilidad y permanencia para forjar la institucionalidad requerida y no depender de las coyunturas políticas, sin embargo el voto no era un mecanismo de legitimidad ciudadana, simplemente se convirtió en un instrumento del régimen para obtener el triunfo  de la reciente clase política surgida del Estado posrevolucionario; en provincia los estados se convirtieron en auténticos califatos donde el gobernador era en amo y señor de los destinos de los ciudadanos cuasi súbditos, entre los casos más representativos del caciquismo fueron los de Gonzalo N. Santos en San Luis Potosí y de Maximino Ávila Camacho en Puebla; prácticamente el voto sustentó un poder presidencial que no buscaba instaurar una democracia en su real concepción, era el requisito para demostrar la “participación” de las “fuerzas vivas de la revolución”, y la competencia entre los mismos aspirantes del partido consistía en demostrar quien alcanzaba más votación sea cual sea el método utilizado; la caracterización que forjó al PNR transformado en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y en su más acaba expresión en Partido Revolucionario Institucional (PRI), -que permanece hasta nuestros días- mantenía la tendencia de ser el partido hegemónico con control absoluto de los órganos electorales –que puede ser un buen tema para otra aportación-, los avances en materia electoral fueron lentos y esporádicos, el voto femenino se logró hacia 1953, antes solo lo ejercían los varones, y la edad legal de 18 años para votar se aprobó en 1970 ¿y el voto? La política de masas del cardenismo bajo el corporativismo le proporcionó en demasía la cuota de sufragios durante años, el voto se convirtió estadística de “popularidad” para los candidatos oficiales sin más valor que un referéndum para el mismo aspirante al cargo de elección popular. Los candidatos de oposición le proporcionaban esa “competencia” requerida hacia el exterior y con base en la ley electoral dibujaban una “democracia” de quedaba en el papel al momento de contrastarla con la realidad. Tanto el Presidente como los gobernadores utilizaron en forma discrecional el uso de la fuerza, y por tal, el aparato de la administración pública quedaba a su disposición, en consecuencia los órganos electorales[5] federal y estatal no fueron la excepción.  

La presión social como instrumento de cambio

La apertura del régimen autoritario hacia uno de mayor competitividad electoral se debió en gran medida a la movilidad y presión social[6], nada fue obtenido por gracia de la clase gobernante o por “convicción democrática”, tampoco se puede negar la aportación de los partidos políticos no obstante fueron menores dado que estuvieron acotados y también reprimidos, y otros más supeditados a los designios del PRI. Entre los primeros se situaron el Partido Acción Nacional (PAN), y el Partido Comunista; en los segundos se recordarán por su funcionalidad al Partido Popular Socialista (PPS) y al Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). En la medida que la presión social generada por un evento de gran magnitud e impacto provocaba síntomas de inestabilidad, los partidos de oposición fueron la única vía para canalizar las inquietudes de los sectores disidentes, el partido hegemónico por el contrario, se apegó a la figura presidencial como apéndice de sus decisiones. La obstrucción y la represión eran parte del sistema político mexicano que se situaba como luz y sobra, paradigma de naciones con inestabilidad social o con falta de consensos para lograr acuerdos a fin de gobernar; el presidencialismo, el corporativismo y el partido hegemónico respondían a la ejemplar gobernabilidad que permaneció por más de 70 años. Así como el Presidente de la República mantenía la sumisión del Poder Judicial y del Legislativo, a su imagen y semejanza los gobernadores repitieron el mismo esquema con los congresos locales y el poder judicial estatal. De igual forma disponía de los aparatos de represión para sofocar cualquier intento de disidencia, por lo que se establecía un amplio control y de gran magnitud, ”Estamos frente a una dictadura muy peculiar pues sus rasgos militares son tenues pero cuyos controles burocráticos y policíacos son fuertísimos”[7], son incontables los hechos donde la policía y el ejército reprimieron tanto a grupos sociales como a la población para mantener la llamada “paz social”[8]. En el recuento de estos hechos quedan partidos como la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM) liderados por Miguel Enríquez Guzmán, el PAN, el PC, luchadores sociales como Rubén Jaramillo, guerrilleros como Genaro Vázquez, Lucio Cabañas, hechos como en Aguas Blancas, El Charco, movimientos sindicales entre ferrocarrileros, magisterio, médicos, electricistas y cientos de casos más registrados como evidencia de ese régimen que impuso a sangre y fuego el control político de toda una nación.     

Condiciones y perspectivas del voto

A juicio personal son dos sucesos que inciden en las aperturas del sistema político mexicano: el movimiento estudiantil de 1968 y el levantamiento zapatista de 1994. Ambos marcarían en forma indirecta la importancia del voto para decidir en las decisiones de gobierno. El primero obligó a pensar en la crisis de institucionalidad e impulsar la reforma electoral de 1977[9] para dar mayor apertura a los partidos de oposición. El segundo reforzó los mecanismos de participación electoral en una nueva institución con mayor margen de decisión y acción al entonces Instituto Federal Electoral (IFE). No obstante desentrañar el impacto y el significado para nuestro país se torna un tanto complejo, pues en la mayoría de la ciudadanía ejerce el voto aunque no tiene idea de la dimensión de lo que representa como acción trasformadora; la apatía, el desinterés, la falta de información, el proceso de reformas al sistema electoral, el clientelismo, el corporativismo de los partidos políticos y los intereses de la clase gobernante interactúan para que se establezca una especie de cortina de humo, donde solo la clase política se beneficia de este ejercicio democrático, y pocos, muy pocos tengan conciencia de lo que implica, y pese a discutirse si estamos en una democracia o en una alternancia de partidos, en la realidad quedan dudas por el uso que se le asigna al voto equiparado como mercancía de cambio y no como fuerza cambio. Y entonces ¿Por qué votar? Porque es la única forma dentro del sistema legal de participación, de incidir activamente hacia la clase gobernante y los partidos políticos, el voto cristaliza la inquietud política del individuo que toma conciencia de lo que implica sufragar para mejorar en los niveles económicos y sociales, sin embargo existe el voto inconsciente que se regala a cambio de una despensa, de un juguete, de un bulto de cemento, o de cualquier objeto que no tiene más valor que demostrar la indiferencia para el sufragio, que por siglos se logró incluso con sangre. Votar es el ejercicio de nuestra conciencia y voluntad, es parte de una práctica con siglos de continuo ejercicio y perfeccionamiento, dentro de un marco teórico como instrumento de cambio el derecho a utilizarlo como un acto de libertad inalienable no tiene precio y ojalá no se desperdicie, o sea catalogado como voto inútil y esto se puede evitar estableciendo un binomio entre teoría y práctica del voto.   

* Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, pasante de la Maestría en Gobierno y Asuntos Públicos por la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; sus líneas de investigación son: partidos políticos, sector energético, sector salud, cuestiones étnicas y administración pública.

Referencias bibliográficas

-       Aguilar Mora, Manuel (1989) Huellas del porvenir, México, Juan Pablos Editor
-       González Casanova, Pablo (1993) El Estado y los partidos políticos en México, México, Ediciones Era
-       Huacuja R., Mario y Woldenberg, José (1976), Estado y lucha política en el México Actual, México, Ediciones El Caballito
-       Levy, Daniel y Székely, Gabriel (1985) Estabilidad y Cambio, paradojas del sistema político mexicano, México, El Colegio de México
-       Paine, Thomas, (1944) Los Derechos del Hombre. México, Fondo de Cultura Económica
-       Salazar Mallén, Rubén, (1980) Desarrollo del Pensamiento Político. México, UNAM.
-       Zinn, Howard, (2006) La otra historia de los Estados Unidos. México, Siglo XXI Editores,

-       Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (2003), Evolución histórica de las instituciones de la Justicia Electoral en México, México, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación



[1] Sobre este tema existe una amplia literatura, véase: Salazar (1980)
[2] Es innegable la influencia de las ideas de la Revolución Francesa en el movimiento de independencia de las 13 colonias británicas, véase Paine (1944) y Locke (1989)
[3] Para mayor referencia a este contradictorio contexto en Estados Unidos, consulte: Zinn (2006)
[4] Dentro de los estudios más completos sobre el origen del PRI se encuentra el texto de El partido de la revolución institucionalizada. Consulte: Garrido (1987)
[5] Para mayor amplitud del tema electoral véase la referencia bibliográfica al final del documento.
[6] Entre los textos clásicos sobre la sistemática represión del Estado mexicano consulte: Huacuja R. y Woldemberg (1976)
[7] Manuel Aguilar Mora (1989) Huellas del porvenir. México, Juan Pablos Editor, 128
[8] Daniel Levy y Gabriel Székely (1985), Estabilidad y cambio, paradojas del sistema político mexicano. México, El Colegio de México,
[9] Pablo González Casanova (1993), El Estado y los partidos políticos en México, México, Ediciones Era

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