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| Fuente. http://www.zonacentronoticias.com/wp-content/uploads/2012/08/Ayuntamiento-de-Cuernavaca1.jpgv |
*La algarabía por el
“cambio” de funcionarios públicos opaca la demanda de un proyecto municipal.
Por.
Carolina Fuentes & Russell Mariano
A manera de introducción iniciamos con la siguiente
interrogante ¿Qué espera el ciudadano al cambio de un presidente municipal a
otro? La mejor respuesta se vuelca en el clamor continuo de la población que
habita en el municipio de Cuernavaca, y es la de tener un municipio que
garantice la seguridad pública, social y económica de sus habitantes. Partiendo
de esa concepción general, centramos nuestro escrito en dos aspectos
primordiales, la seguridad pública, y la situación financiera.
El municipio de Cuernavaca cuenta con 365 168 habitantes,
conforme a datos de la tercera encuesta nacional sobre inseguridad llevada a
cabo por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI), de
ese total, 5 de cada 10 ciudadanos se sienten inseguros en esta ciudad, y como
no estarlo, si el 70% de agravios se han ejercido bajo la presión de un arma mortal, cifra
que se ubica arriba de la media nacional. Datos alarmantes que demandan
políticas públicas urgentes para enfrentar la grave crisis de seguridad en la
que se vive.
Las
estadísticas y la percepción ciudadana nos hablan de un grave problema de
seguridad pública, y como lo establece la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, éste es uno de los servicios públicos que tiene como
obligación brindar el municipio, el resto de responsabilidades puede verse en el
artículo 115 del documento ya citado. Atender dicha situación debiera ser una
de las prioridades de los gobiernos, más aún, cuando en aras de un ejercicio
democrático los ciudadanos designan al nuevo presidente, y bajo el mismo marco
legal, éstos últimos tienen el derecho de exigir un programa de trabajo
profesional con políticas y programas de trabajo que enfrenten el problema a
profundidad y se garantice el Estado de Bienestar para toda la población.
Por
otra parte, en materia económica, para ser precisos en el tema de deuda pública,
a Cuernavaca se le a asignado la calificación HR BB con Perspectiva Estable, calificación, que
en escala local, se considera que el emisor ofrece insuficiente seguridad para
el pago oportuno de obligaciones de deuda, de igual forma bajo los mismos
estándares de medición se establece que mantiene un alto riesgo crediticio como
lo describe la empresa HR Ratings (Credit
Rating Agency) institución calificadora de valores autorizada por la Comisión
Nacional Bancaria y de Valores, y registrada ante la Securities and Exchange
Commission de los Estados Unidos de Norteamérica como una NRSRO para este tipo
de calificación.
Para
designar dicha calificación HR Ratings considera diversos aspectos, como
referencia particular, nos centramos en la Deuda Total creciente de 2010 a
2012, misma que arroja los siguientes datos: Al cierre de 2012, la Deuda Total
de Cuernavaca era de P$876.9m, dada la contratación del crédito con Bancomer y
el saldo insoluto de Bajío. En 2013 este total ascendió a P$614.9m, mientras
que a agosto de 2014, la Deuda Total es de P$712.6m, total que incluye los
créditos de Mifel, Bajío y Banorte con saldos insolutos de P$132.8m, P$539.3m y
P$40.5m respectivamente. Asimismo, el Servicio de la Deuda se ubicó en 7.0% al
cierre de 2013, derivado de que únicamente se contaba con 2 créditos ese año.
HR Ratings estima que esta métrica se ubique en 11.6% y 11.2% en 2014 y 2015
respectivamente, derivado del pago de capital de los créditos vigentes (HR
Ratings Finanzas Públicas 5 de diciembre de 2014). Otros aspectos considerados
lo fueron el Vencimiento anticipado y posterior default de un crédito
estructurado en 2012, por uso de recursos para un fin distinto al estipulado en
el contrato de crédito, los Niveles de Deuda Neta a ILD (Ingresos de Libre
Disposición) altos durante el periodo de análisis, entre otros. Como puede
observarse la situación financiera de Cuernavaca no es del todo sana, en este
sentido la deuda pública es algo urgente por resolver, frente a esta situación,
la nueva administración tendría que presentar una medida de rescate de las
finanzas públicas que les permita enfrentar la crisis financiera nacional y
atender las demandas de los cuernavacenses, pues ha sido la necesidad de cambio
lo que ha vertido el ciudadano al emitir su voto, un compromiso de quien se
postula y de quien lo elige.
Con
los datos presentados sobre la inseguridad y la deuda pública, revisar las
condiciones económicas, de seguridad social, justicia y administración pública
del municipio de Cuernavaca nos lleva a entender las necesidades que tiene,
muchas de ellas son identificadas y evidenciadas mediante el análisis
estructural de académicos de las diferentes disciplinas, también mucho se ha
escrito sobre las alternativas de solución, el punto radica en la dirección política
que adopte quien presida el municipio, en este caso, llega a la presidencia,
bajo el preámbulo de una herramienta democrática, un partido de dimensión local
encabezado por el futbolista Cuauhtémoc Blanco, entonces ¿Cuál es su proyecto?
Cuestionamiento enfatizado desde la sociedad civil como un acto de transparencia
en el arranque de un nuevo periodo en la administración pública municipal.
Otro
elemento de vital relevancia en la función pública, es el impulso a la profesionalización de la administración
pública, eje y programa de trabajo impulsado desde la administración
Federal y Estatal, sin embargo, pocos resultados se han observado hasta ahora. Frente
a esta situación, valdría la pena cuestionarnos como ciudadanos, primero ¿Impacta
el servicio público en nuestra vida cotidiana? segundo, de tener ésta una
respuesta afirmativa ¿a quién delegamos esa responsabilidad de decisión? Y
tercero, estas personas a quienes se les delega ¿Adoptan la profesionalización
como herramienta primordial en el ejercicio de sus deberes?
Tres
cuestionamientos que nos ayudarán a entender la relevancia del papel del
ciudadano en la toma de decisiones. En el orden enunciado, los ciudadanos
reconocemos la dimensión del quehacer público, desde el enfoque institucional,
la figura del órgano rector en la procuración del bien común, segundo, como
colectivo, al decidir, mediante el sufragio, sobre nuestros representantes,
cumplimos con nuestra responsabilidad cívica, pero no dimensionamos la
relevancia de nuestra acción, en tanto se podría plantear que nuestro voto se
va a un desconocido, como ciudadanos no conocemos por quien votamos, el
arrepentimiento viene ya en la forma de gobierno, y por último, el tema de la
profesionalización, actividad de la que todos hablan y que pocos aplican, a otros tantos les es indiferente, en tanto
no exista una exigencia social, de ahí, la gran contradicción social en México,
exigir al trabajador mayor formación académica y como gobierno, ser indiferente
a los mismos estándares de evaluación promovidos desde sus entrañas, solo para
ejemplificar, en la administración pública el ejercicio profesional de carrera
es letra en el estanquillo de espera.
Quizás
surja una controversia por lo aquí planteado, entonces, para confirmar nuestro
señalamiento, y suponiendo que los gobiernos acatan y promueven la continua
profesionalización de la administración pública, preguntamos ¿Qué institución
realiza un diagnóstico de conocimientos generales en administración municipal a
los nuevos ediles? Como ciudadanos buscamos eficiencia y eficacia, entonces
¿Por qué no exigirla en los gobiernos? Si es precisamente en esos espacios
donde se acciona para emplear las políticas que orientan el destino de la
sociedad, además, constitucionalmente se establecen las obligaciones básicas de
una administración pública, y pareciera que muchos funcionarios desconocen las actividades
que deberán desarrollar en su periodo de gestión, cuando esto sucede, el
municipio entra en una serie de conflictos de operación, esto se puede
constatar, de manera inmediata, con la pésima prestación de los servicios
públicos; agua potable, electrificación, vías de comunicación, servicio de
limpia, educación, por citar los más básicos.
Los
servicios públicos enunciados, y los demás que demande la misma sociedad dada
su extensión territorial y crecimiento demográfico, queda en responsabilidad de
un Ayuntamiento, siendo su principal función, la de administrar equitativamente
los recursos municipales, responsabilidad que el ciudadano delega mediante el
“voto”, y deposita en una persona (hombre o mujer) la facultad para tomar las
decisiones que más beneficien al desarrollo del municipio, ayudantías,
colonias, barrios, no pudiendo detenerse simplemente en la remodelación de un
centro histórico.
Frente
a esta situación, asumiendo nuestra responsabilidad, como ciudadanos, antes de
emitir un voto ¿pensamos en las necesidades de nuestro municipio o al calor de
una ilusión solo vemos en las propagandas, una figura de la farándula o en un
jugador, la opción para integrar un gobierno? Podremos considerarnos, entonces,
cómo una sociedad con responsabilidad cívica y ética.
Para
muchos comentaristas, el arribo de un futbolista a la administración pública se
centra en los retos que debe afrontar, aclaramos, ningún municipio puede
considerarse un reto gobernarlo, pues contender por administrar una ayudantía,
un municipio, un estado o una nación responde a la responsabilidad y al
compromiso con la sociedad que adquiere la persona que pretenda ocupar tal
espacio, asumirlo como un reto simplemente evidencia la ignorancia de no saber
lo que se hace y habrá que enfrentarlo como se pueda, de ahí la destrucción de
lo que es la función pública, de ahí la irresponsabilidad en la toma de
decisiones equivocadas que en repetidas ocasiones quién acaba pagando los
errores son los gobernados, basta con retroceder para ver las suplicas
ciudadanas al no contar con el servicio de agua, al pasar penurias por no tener
donde depositar la basura, por citar algunos ejemplos, en ese sentido el
ciudadano no solo otorga el poder a una persona para administrar los recursos,
también los responsabiliza y está en todo su derecho de observar su desempeño,
evaluarlo y, si lo considera conveniente, removerlo mediante las formas
establecidas constitucionalmente, en ese sentido hablaríamos de un principio de
democracia, el resto es demagogia.

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