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Por. Russell Mariano
Parto con una máxima del
pensamiento liberal que diera al mundo luz en materia de derecho a la libertad
fundada en la teoría y demandada en la práctica, aquella que en un juego de
palabras se compone de la siguiente manera;
“Estoy en desacuerdo con lo que
dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” frase acuñada al
pensador francés Voltaire en el texto Los
amigos de Voltaire de Stephen G en 1906.
Llevar esta cita a la práctica
resultaría para cualquier gobierno, que se considere democrático, una
obligación incuestionable, caso contrario, para el tirano el ya citado
pensamiento resultaría un insulto, de
esta breve descripción me desprendo para
abordar un caso práctico: El derecho a la libertad de expresión.
Recientemente la nota sobre
Oaxaca que es causa de atención nacional se vuelca en una denuncia abierta de
privación del derecho a la libertad de expresión. El caso: Álvaro Morales,
reportero de la empresa MVM Televisión (Señal transmitida por el sistema local
por cable de la ciudad de Oaxaca), exhibe en una carta, el hecho; el despido,
la causa; por formular cuestionamientos sobre el avance de la investigación de
un presunto desvió de recursos de la pasada administración gubernamental en el
programa de Cocinas Comunitarias a la actual presidenta del DIF Estatal,
Ivette Morán (para mayor referencia véase
http://www.proceso.com.mx/469462/despiden-a-reportero-en-oaxaca-hacer-preguntas-incomodas-a-esposa-murat).
El solo hecho de imaginarlo es
lastimero, de corroborarse, la causa y el hecho, es un atentado claro hacia el
principio democrático de la libertad de expresión, rescatando uno de los
elementos más importantes para la construcción de una democracia fundada en el
pensamiento científico del politólogo Robert Alan Dahl expuesto en su libro Polyarchy; participation and opposition.
( titulo de su obra original publicada en 1971)., bajo ese esquema
cuantificable de democracia para el caso mencionado la acción misma marca la
pauta del inicio de una administración autoritaria, y que la democracia, como
en muchos de los gobiernos que le han antecedido, se queda en una simple
promesa del discurso reiterativo, gastado y siempre presente en cada mensaje
del gobernante hacia sus gobernados y que solo busca la legitimidad no
alcanzada en las urnas cuando de democracia representativa hablamos, resumiendo,
el caso en una solo palabra se puede interpretarse como la demagogia disfrazada
de democracia.

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