Por:
Iván Montes Jiménez
La Ciencia Política, por su
naturaleza científica siempre hace uso de un lenguaje particular para analizar
los problemas públicos. En el caso que nos toca abordar en esta ocasión,
es pertinente referirse al estado de la democracia en Oaxaca y las capacidades
de gobierno.
Gobierno, es una palabra que por
sus orígenes etimológicos viene del lenguaje marítimo y significa timón, un
timón es el volante del barco y ello nos lleva a comprender que cuando hablamos
de gobernar, estamos hablando de una capacidad de conducción, dar orientación,
sentido.
De manera recurrente, la clase
política de Oaxaca se refiere en sus discursos o en sus declaraciones públicas
a los términos de: democracia, transparencia, rendición de cuentas,
participación ciudadana, políticas públicas, etcétera. Todo un lenguaje que
pretende hacer creer a quien lo escucha, que en la entidad existen amplios
avances en la democracia y que la corrupción política es algo desconocido por
estos rumbos.
Tal vez exista quien si conceda
credibilidad a discursos políticos que
distan mucho de la realidad, pero en nuestro caso, conviene señalar que no se
puede hablar de democracia en un territorio que se sostiene con profundas
raíces autoritarias (caciques, terratenientes, delincuentes). Se invoca a la
democracia para sustentar abusos de autoridad, corrupción y falta de capacidad
para la conducción política.
La incapacidad de la clase
política para gobernar Oaxaca, se muestra todos los días en los múltiples
problemas que se presentan a lo largo y ancho del territorio, existe falta de claridad de objetivos de gobierno en el
mediano y largo plazo. Lo anterior ha llevado que en amplia medida, Oaxaca se
haya quedado en los últimos lugares del desarrollo nacional y hoy aparezca en
el horizonte un rumbo cada vez más incierto.
La clase política carece de
iniciativa para construir modelos de gobierno que apegados a las
características regionales, culturales e históricas, ayuden a impulsar un desarrollo sustentable,
esto a pesar de que el elemento humano que se asienta en su territorio
permitiría alcanzar una mejor integración y participación.
Aquello con que si cuenta la
clase política oaxaqueña es su sentido de conveniencia para acomodarse a los vaivenes de los procesos electorales y
también su predisposición para el hurto de los bienes públicos.
La cooptación política y la
represión que han sido los dos instrumentos principales del régimen político en
Oaxaca para desactivar conflictos, dan muestras de su agotamiento y es tiempo
que desde la ciencia política se privilegie el desarrollo de mecanismos mucho
más amplios de atención de las demandas, al mismo tiempo que se deben
diseñar esquemas de intervención para
lograr una efectiva participación ciudadana.
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