lunes, 15 de mayo de 2017

La clase política en Oaxaca, administrar sin gobernar


Por: Iván Montes Jiménez
La Ciencia Política, por su naturaleza científica siempre hace uso de un lenguaje particular para  analizar  los problemas públicos. En el caso que nos toca abordar en esta ocasión, es pertinente referirse al estado de la democracia en Oaxaca y las capacidades de gobierno.
Gobierno, es una palabra que por sus orígenes etimológicos viene del lenguaje marítimo y significa timón, un timón es el volante del barco y ello nos lleva a comprender que cuando hablamos de gobernar, estamos hablando de una capacidad de conducción, dar orientación, sentido.

De manera recurrente, la clase política de Oaxaca se refiere en sus discursos o en sus declaraciones públicas a los términos de: democracia, transparencia, rendición de cuentas, participación ciudadana, políticas públicas, etcétera. Todo un lenguaje que pretende hacer creer a quien lo escucha, que en la entidad existen amplios avances en la democracia y que la corrupción política es algo desconocido por estos rumbos.

Tal vez exista quien si conceda credibilidad a  discursos políticos que distan mucho de la realidad, pero en nuestro caso, conviene señalar que no se puede hablar de democracia en un territorio que se sostiene con profundas raíces autoritarias (caciques, terratenientes, delincuentes). Se invoca a la democracia para sustentar abusos de autoridad, corrupción y falta de capacidad para la conducción política.

La incapacidad de la clase política para gobernar Oaxaca, se muestra todos los días en los múltiples problemas que se presentan a lo largo y ancho del territorio, existe falta de  claridad de objetivos de gobierno en el mediano y largo plazo. Lo anterior ha llevado que en amplia medida, Oaxaca se haya quedado en los últimos lugares del desarrollo nacional y hoy aparezca en el horizonte un rumbo cada vez más incierto.

La clase política carece de iniciativa para construir modelos de gobierno que apegados a las características regionales, culturales e históricas,  ayuden a impulsar un desarrollo sustentable, esto a pesar de que el elemento humano que se asienta en su territorio permitiría alcanzar una mejor integración y participación.

Aquello con que si cuenta la clase política oaxaqueña es su sentido de conveniencia para acomodarse a  los vaivenes de los procesos electorales y también su predisposición para el hurto de los bienes públicos.


La cooptación política y la represión que han sido los dos instrumentos principales del régimen político en Oaxaca para desactivar conflictos, dan muestras de su agotamiento y es tiempo que desde la ciencia política se privilegie el desarrollo de mecanismos mucho más amplios de atención de las demandas, al mismo tiempo que se deben diseñar  esquemas de intervención para lograr una efectiva participación ciudadana.

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