jueves, 4 de mayo de 2017

Mutuamente excluyentes


 Por. Ramón John*
En la ciencia política existen diferentes conceptualizaciones de lo que es la política, escribirlas o plasmarlas nos llevaría bastante espacio que excede el objetivo de estas líneas, sin embargo es necesario destacar que toda interpretación tanto de teóricos como analistas converge en lo que es el ámbito del poder. Y tomando como referencia la teoría de conjuntos, donde algunos elementos son mutuamente excluyentes, aunque no siempre dejan de estar desvinculados, en la práctica de la política tal y como se concibe en su ejercicio cotidiano, existen ejemplos que bien pueden sustentar lo anteriormente escrito.

Es del conocimiento general el ambiente que se genera por los procesos electorales, donde sobresalen toda serie de críticas, argumentos, posiciones, posturas y pasiones, una muestra es lo que está sucediendo en mayor medida el Estado de México donde se va a elegir el próximo gobernador y en otros estados como son Coahuila y Nayarit, en menor medida. No obstante, más allá de las instituciones políticas participantes, candidatos y propuestas, la disyuntiva se centra en votar para un proyecto de izquierda o para la derecha –en mi opinión no existe un partido de centro ya que la política económica es hacia la derecha o a la izquierda-.

Hace tiempo leía una opinión donde se hacía énfasis entre la “solidaridad” que existe en los partidos de derecha y la polarización que se manifiesta en los partidos y organizaciones de izquierda, que no permite unificar criterios en la mayoría de los casos para alcanzar objetivos como lo es participar en procesos democráticos y alcanzar mayores espacios del poder político en forma común. Desde marxistas, leninistas, maoístas, trotskistas, y un sinfín de tendencias, la izquierda dividida en ese amplio abanico, no consigue fijar una postura definida en torno a un programa o proyecto que sea común y que por consecuencia beneficie a las mayorías tan asoladas por las políticas neoliberales,

En contraparte la derecha parece tener la ventaja de unificar criterios y alcanzar el objetivo de conquistar el poder político para continuar aplicando su política privatizadora ya sea bajo las siglas del PRI o del PAN, que en política económica es lo mismo ¿Qué pasa entonces? Si bien es difícil separar las acciones individuales de la posición política tanto de los partidos como de los candidatos y protagonistas, a lo largo de la historia resaltan las actividades que motivaron a manifestar posiciones ideológicas y que derivaron en actos políticos. Es decir, más allá de las pasiones y actitudes humanas encontramos razonamientos políticos que derivaron en esos hechos históricos y que son los que al final trazan los acontecimientos que influyen en la actividad humana.

Y un ejemplo actual y vigente para un amplio análisis son los comicios que se van a celebrar en junio próximo en el Estado de México, siendo para muchos el preámbulo de las elecciones presidenciales del año siguiente, lo que genera más expectativa. Por el momento nos centraremos en el caso de la izquierda representada por Morena y su dirigente Andrés Manuel López Obrador –el PRD requiere otra revisión-, encontramos que la crítica más “analítica” se concentra en su pasado priísta, en sus resabios del nacionalismo revolucionario, en “implantar” una copia del modelo venezolano, en el populismo, los bloqueos y en toda una serie de cuestiones que no soportan una revisión seria y profunda.

Lo más destacado es la visión reduccionista que se avoca a simples actitudes humanas, es decir, se hace una apología a la forma de vida, a la relación de parentesco, a las propiedades, a los ingresos que obtiene y cómo puede hacer giras de trabajo sin sustento económico, la corrupción, etcétera. Se puede entender que todas las críticas sean parte de la campaña política en la que están inmersos todos los partidos, dirigentes y candidatos, pero en grupos de la misma izquierda hacen un férreo y voraz linchamiento que muchas veces comprueba la máxima que el mayor enemigo de la izquierda es la misma izquierda, muchos grupúsculos manifiestan esa actitud, pero tampoco ofrecen soluciones viables para fortalecer a la misma izquierda. Esa posición es la que abona el camino de la derecha, situación que ha sido muy bien aprovechada en Sudamérica y por lo visto puede repetirse nuevamente en México, pues quien verdaderamente ha triunfado es la imposición del modelo neoliberal en las elecciones de 1988, 1994, 2000, 2006 y 2012; las pruebas están a la vista y los resultados también, no es casualidad que el modelo sigua cada vez más “institucionalizado”.

En este marco Morena más allá de esos cuestionamientos vagos y relativos, representa una propuesta política y como tal debe ser analizada y considerada, como la de los demás partidos políticos que tampoco están exentos de las pasiones humanas representadas por actos de corrupción, nepotismo y compadrazgo, ningún partido está exento, más bien, todos deben de avocarse a sanear sus instituciones, solo que algunos como el PRI y el PAN, han excedido de los niveles de corrupción permitidos, siendo la sociedad la que padece este contexto viciado. 

*Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, candidato a maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, ambas,  por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)


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