Por. Ramón John*
En
la ciencia política existen diferentes conceptualizaciones de lo que es la
política, escribirlas o plasmarlas nos llevaría bastante espacio que excede el
objetivo de estas líneas, sin embargo es necesario destacar que toda
interpretación tanto de teóricos como analistas converge en lo que es el ámbito
del poder. Y tomando como referencia la teoría de conjuntos, donde algunos
elementos son mutuamente excluyentes, aunque no siempre dejan de estar
desvinculados, en la práctica de la política tal y como se concibe en su
ejercicio cotidiano, existen ejemplos que bien pueden sustentar lo
anteriormente escrito.
Es
del conocimiento general el ambiente que se genera por los procesos electorales,
donde sobresalen toda serie de críticas, argumentos, posiciones, posturas y
pasiones, una muestra es lo que está sucediendo en mayor medida el Estado de
México donde se va a elegir el próximo gobernador y en otros estados como son
Coahuila y Nayarit, en menor medida. No obstante, más allá de las instituciones
políticas participantes, candidatos y propuestas, la disyuntiva se centra en
votar para un proyecto de izquierda o para la derecha –en mi opinión no existe
un partido de centro ya que la política económica es hacia la derecha o a la
izquierda-.
Hace
tiempo leía una opinión donde se hacía énfasis entre la “solidaridad” que
existe en los partidos de derecha y la polarización que se manifiesta en los
partidos y organizaciones de izquierda, que no permite unificar criterios en la
mayoría de los casos para alcanzar objetivos como lo es participar en procesos
democráticos y alcanzar mayores espacios del poder político en forma común. Desde
marxistas, leninistas, maoístas, trotskistas, y un sinfín de tendencias, la
izquierda dividida en ese amplio abanico, no consigue fijar una postura
definida en torno a un programa o proyecto que sea común y que por consecuencia
beneficie a las mayorías tan asoladas por las políticas neoliberales,
En
contraparte la derecha parece tener la ventaja de unificar criterios y alcanzar
el objetivo de conquistar el poder político para continuar aplicando su
política privatizadora ya sea bajo las siglas del PRI o del PAN, que en
política económica es lo mismo ¿Qué pasa entonces? Si bien es difícil separar
las acciones individuales de la posición política tanto de los partidos como de
los candidatos y protagonistas, a lo largo de la historia resaltan las
actividades que motivaron a manifestar posiciones ideológicas y que derivaron
en actos políticos. Es decir, más allá de las pasiones y actitudes humanas
encontramos razonamientos políticos que derivaron en esos hechos históricos y
que son los que al final trazan los acontecimientos que influyen en la
actividad humana.
Y
un ejemplo actual y vigente para un amplio análisis son los comicios que se van
a celebrar en junio próximo en el Estado de México, siendo para muchos el
preámbulo de las elecciones presidenciales del año siguiente, lo que genera más
expectativa. Por el momento nos centraremos en el caso de la izquierda
representada por Morena y su dirigente Andrés Manuel López Obrador –el PRD
requiere otra revisión-, encontramos que la crítica más “analítica” se
concentra en su pasado priísta, en sus resabios del nacionalismo
revolucionario, en “implantar” una copia del modelo venezolano, en el populismo,
los bloqueos y en toda una serie de cuestiones que no soportan una revisión seria
y profunda.
Lo
más destacado es la visión reduccionista que se avoca a simples actitudes
humanas, es decir, se hace una apología a la forma de vida, a la relación de
parentesco, a las propiedades, a los ingresos que obtiene y cómo puede hacer
giras de trabajo sin sustento económico, la corrupción, etcétera. Se puede
entender que todas las críticas sean parte de la campaña política en la que
están inmersos todos los partidos, dirigentes y candidatos, pero en grupos de
la misma izquierda hacen un férreo y voraz linchamiento que muchas veces
comprueba la máxima que el mayor enemigo de la izquierda es la misma izquierda,
muchos grupúsculos manifiestan esa actitud, pero tampoco ofrecen soluciones
viables para fortalecer a la misma izquierda. Esa posición es la que abona el
camino de la derecha, situación que ha sido muy bien aprovechada en Sudamérica
y por lo visto puede repetirse nuevamente en México, pues quien verdaderamente
ha triunfado es la imposición del modelo neoliberal en las elecciones de 1988,
1994, 2000, 2006 y 2012; las pruebas están a la vista y los resultados también,
no es casualidad que el modelo sigua cada vez más “institucionalizado”.
En
este marco Morena más allá de esos cuestionamientos vagos y relativos,
representa una propuesta política y como tal debe ser analizada y considerada,
como la de los demás partidos políticos que tampoco están exentos de las
pasiones humanas representadas por actos de corrupción, nepotismo y
compadrazgo, ningún partido está exento, más bien, todos deben de avocarse a
sanear sus instituciones, solo que algunos como el PRI y el PAN, han excedido
de los niveles de corrupción permitidos, siendo la sociedad la que padece este
contexto viciado.
*Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, candidato a maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, ambas, por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

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